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DEL DELIRIO Y LA UTOPÍA
A mí, por el solo lirismo, una sonrisa de mujer me desarma, me quita la camisa de fuerza del corazón como espigas dobladas por el fervor; sobre todo, cuando más acá de sus labios la noche hambrienta es una espada desnuda y los malcriados párpados de sus ojos cierran las señales de alarma y abren una indiscreta invitación a la complicidad.
A mí, sin la bruma del romántico, la mirada de una mujer me descubre el rompecabezas del delirio y la utopía; pone satélites espías a girar sobre mi cama y avienta una alegría disfuncional, de cantos y cuchillos lanzados al borde del tiempo y los augurios, como soledad de agencia, como miedos a crédito y manos en un búcaro florecidas por el intento, como la última forma de seducir a la vida.
A mí, con su luz de oficio, unas manos de mujer me levantan, me iluminan de raíces las vidrieras del alma; puedo decir que lamen la aventura de mi cuerpo y ponen un salterio a respirar con las dudas, un quitabrumas donde la voz ya no abriga, y entonces hay que comulgar con ese fuego coral y su antigua danza sobre la piel, sostenerse, a duras penas y glorias, en los andamios febriles de su aliento.
A mí, contra todo pronóstico, el olor a naufragio de una mujer me levanta y me descubre a la vez, lírico y romántico, casi por oficio, como un condenado a la espuma tenaz sobre su tabla de hundimiento; y me arma, en la orilla opuesta del corazón, con el vino de una pasión siempre nueva, el rompecabezas del delirio y la utopía.
en: http://www.calleb.cult.cu/entrerrianos/pepe_sanchez.htm
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